La especialización como garantía de futuro

Hubo un tiempo en que los grandes genios dominaban amplias áreas del conocimiento, unos días de filósofos y médicos, de juristas y políticos, unos días sin límites. Hoy esa época ha pasado. Hoy las ramas del conocimiento han crecido, en la primavera de los tiempos, hasta alcanzar un tamaño inabarcable. Hay quien dijo que el juego de ponerse límites a sí mismo es uno de los placeres secretos de la vida[1]. Yo diría, más bien, que quien no fue capaz de limitarse jamás supo de nada.

No se puede negar que la especialización es una garantía de futuro. Uno puede dedicarse a una parcela del conocimiento y dominarla o, abrumado por la infinidad de materias y disciplinas, no llegar a saber nunca de nada.

Ahora bien, estas circunstancias actuales no han de ser óbice para caer en una educación fragmentaria e inconexa. Quien no aprende no sabe juzgar; se hace esclavo de otros, de los más instruidos, aunque por el exterior parezca ocupar un trono[2]. La especialización, como fruto del árbol de la sabiduría, no puede entenderse sin las ramas, el tronco y las raíces en los que encuentra su sostén y alimento.

Entendemos pues, que la educación ha de ser universal para todos, deteniéndose tanto en las ciencias como en las letras. La especialización es, de esta manera, un cauce natural de las inclinaciones y habilidades innatas del individuo, no una mutilación de su ser intelectual.

—¿Deseas un especialista?

—Sin duda, lo quiero. Si por especialista concebimos al ducho en el campo, maestro en la materia.


[1] Chesterton, Frases célebres.

[2] Thot, Tihamer, El joven de carácter, p. 80, 1958, México.

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Sobre la retirada de los crucifijos de las escuelas públicas

Debo declarar y declaro que el acto administrativo impugnado vulnera los derechos fundamentales reconocidos en los artículos 14 y 16.1 de la Constitución Española, por lo que debe ser anulado y se anula, declarándose la obligación del referido centro educativo Colegio Público Macías Picavea de retirar los símbolos religiosos de las aulas y espacios comunes.[1]

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.[2]

Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.[3]

Dos son los artículos supuestamente violados, y por cuya razón se procede a la retirada de los crucifijos de las escuelas públicas. De aquí en adelante analizaremos dichas violaciones y daremos nuestro dictamen.

Reza el artículo 14 de nuestra Constitución que no puede prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo o religión.[4] En virtud de este principio de neutralidad del Estado frente a las distintas confesiones y, más en general, ante el hecho religioso, nadie puede sentir que, por motivos religiosos, el Estado le es más o menos próximo que a sus conciudadanos.[5]

Proceder a la retirada de los crucifijos con dicho pretexto parece un notable desatino. Hay que partir de la realidad de que la cruz no es un símbolo religioso que provoque proselitismo e intente influir en la mentalidad de los estudiantes, y así lo consideraron sentencias anteriores de distintos tribunales italianos. El crucifijo es un símbolo cultural e histórico más que forma parte de la identidad española y europea. Puede tener  el mismo significado que una bandera, por ejemplo. Un estado que verdaderamente esté preocupado por una sana laicidad debería respetar éste y todos los símbolos que representen el humus donde el mismo estado tiene su origen, al considerarlos una garantía de su identidad no una ofensa.[6]

Si fuera cierto que la presencia de un crucifijo en un aula, pudiera interpretarse como una decantación del Estado hacia la confesión católica, sería igualmente cierto que proceder a su retirada, que era ya toda una costumbre,[7] podría parecer y de hecho parece una decantación del estado hacia las corrientes agnósticas o ateas, quedando excluidos e igualmente ofendidos todos aquellos que no profesan esta filosofía secundada por el Estado. Es más, puestos a llegar a lo absurdo, retirar los crucifijos con base a la neutralidad del estado, es un hecho completamente fuera de la neutralidad por favorecer por encima del resto de creencias la posición iconoclasta.

En segundo lugar, se argumenta que a pesar de la libertad de los ciudadanos a expresar sus creencias, no se puede menoscabar, justificándose en esta libertad, la conciencia de los demás. Hecho sin duda alguna cierto, pero no aplicable a este caso: Pues «La presencia del Crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento ni aún al de los racionalistas y ateos; y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales. ¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? ¿Una hoz y un martillo? ¿Un compás y una escuadra? O ¿qué otro emblema confesional? Porque hay que decirlo claro y de ello tendremos que ocuparnos: la campaña es de origen confesional. Claro que de confesión anticatólica y anticristiana. Porque lo de la neutralidad es una engañifa«.[8]

En el caso italiano cabe recordar que no sólo el Gobierno italiano de Berlusconi se ha pronunciado totalmente en contra de la sentencia y ha anunciado un recurso. También la oposición del centroizquierda. Incluido el nuevo líder del Partido Demócrata, Pier Luigi Bersani. «Una antigua tradición como el crucifijo, no pude ser ofensiva para nadie» aseguraba.[9]

¡Qué lejos estamos de los tiempos de Tierno Galván! como nos recordaba en un reciente artículo Alfredo Tamayo (DV 11/XI). Tierno Galván, teórico del agnosticismo, que pidió la Constitución y el crucifijo para prometer su cargo como Alcalde de Madrid. Ante la sorpresa de alguno arguyó: «En efecto, tiene usted razón, yo no soy creyente, soy agnóstico. Pero la figura del Crucificado es para mí un gran símbolo: es el hombre que dio su vida por defender hasta el final una causa noble». ¿Fue preconstitucional el juramento de Tierno Galván? Seguro que no.[10]

En conclusión, la cruz, como objeto inanimado, no supone ni una adhesión del Estado hacia la confesión católica ni una ofensa proselitista para los no católicos. Mientras que su retirada no solo constituye un gravoso agravio, que menoscaba la primera de las libertades,[11] sino que deja traslucir una beligerancia u hostilidad antirreligiosa que rompe radicalmente la neutralidad del Estado y va en detrimento de la libertad religiosa, en vez de en su favor.[12]


[1] Sentencia del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2 de Valladolid, de 14 de noviembre de 2008.

[2] CE art. 14.

[3] CE art. 16.1.

[4] Cfr. CE art. 14.

[5] Sentencia del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2 de Valladolid, de 14 de noviembre de 2008.

[7] Cfr. Artículo 1.1 CC.

[11] Cfr. 4 A.C. JEMOLO, I problemi pratici della libertá, Milano, 1961, págs. 130-131.

[12] Cfr. DERECHOS Y LÍMITES DE LA LIBERTAD RELIGIOSA EN LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA Silverio Nieto Nuñez Director del Servicio Jurídico Civil Conferencia Episcopal Española 13 de Mayo de 2006) 1. LA LIBERTAD RELIGIOSA COMO DERECHO página 9

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